Correr parece un gesto sencillo: poner un pie delante del otro y avanzar. Sin embargo, cuando acumulamos kilómetros, pequeños detalles de la técnica pueden cambiar cómo repartimos las cargas, cuánto nos fatigamos y qué sensación tenemos a un mismo ritmo.
Eso no significa que exista una técnica perfecta que todos debamos copiar. La forma de correr depende de la velocidad, la experiencia, la anatomía y las características de cada corredor. Aun así, hay patrones que merece la pena observar, sobre todo cuando aparecen junto a molestias, una frenada evidente en cada apoyo o una tensión innecesaria.
Estos son cinco errores frecuentes y, sobre todo, formas sensatas de trabajarlos sin intentar reconstruir tu zancada de un día para otro.
1. Overstriding: cuando la zancada se alarga demasiado
El overstriding aparece cuando intentamos ganar longitud de zancada llevando el pie demasiado hacia delante. Más que fijarnos únicamente en si se aterriza de talón o de mediopié, interesa observar dónde cae el pie respecto al cuerpo y si el apoyo genera una frenada marcada.
Una forma práctica de detectarlo es grabarte de perfil a velocidad normal. Si en el instante del contacto el pie queda muy adelantado respecto a la cadera, la rodilla está casi extendida y la tibia aparece inclinada hacia atrás, puede haber una zancada excesivamente larga.

Cómo reducir una zancada excesiva
- No intentes alcanzar el suelo con el pie. Piensa en avanzar de manera fluida y dejar que el apoyo se produzca más cerca del cuerpo.
- Experimenta con una pequeña subida de cadencia. Un aumento moderado del número de pasos por minuto puede acortar la zancada a igual velocidad.
- Utiliza ejercicios técnicos. Skipping, carrera en el sitio y progresivos cortos pueden ayudarte a practicar apoyos rápidos sin forzar el gesto.
Aquí conviene matizar una regla muy repetida: 170-180 pasos por minuto no es una cifra obligatoria. La cadencia cambia con la velocidad, la estatura y la mecánica individual. Si quieres modificarla, suele tener más sentido partir de tu cadencia habitual y hacer ajustes pequeños que perseguir automáticamente el número 180.
2. Una postura que añade tensión en lugar de ayudarte
Hombros pegados a las orejas, cabeza permanentemente baja y espalda encorvada son señales fáciles de reconocer. No porque haya que correr rígido y completamente vertical, sino porque una postura tensa puede añadir trabajo innecesario.
La referencia útil es una posición alta pero relajada: mirada al frente, cabeza alineada de forma natural, hombros sueltos y una ligera inclinación global hacia delante. La literatura sobre economía de carrera ha observado diferencias de inclinación del tronco entre corredores, pero eso no convierte un ángulo concreto en una receta universal.
Qué puedes hacer
Durante un rodaje fácil, comprueba de vez en cuando si estás apretando la mandíbula, elevando los hombros o adelantando mucho la cabeza. Suelta las manos, deja caer los hombros y mira varios metros por delante.
El trabajo de fuerza también ayuda a sostener una postura estable cuando aparece la fatiga. Planchas y sus variantes, remos, ejercicios de extensión de cadera y trabajo global de fuerza son opciones útiles. El objetivo no es mantener una pose artificial, sino que tu cuerpo pueda conservar una posición cómoda mientras corres.
3. Un braceo rígido o que cruza demasiado el cuerpo
Los brazos no son un adorno. Participan en el equilibrio de la carrera y compensan parte del movimiento de las piernas. Cuando las manos cruzan de forma exagerada la línea media, los codos se abren mucho o todo el tren superior va rígido, puede aparecer una rotación innecesaria del tronco.
Una grabación frontal resulta especialmente útil. Observa si ambos brazos se comportan de forma parecida y si las manos avanzan y retroceden sin atravesar constantemente el centro del torso.
Un braceo sencillo y relajado
No necesitas mantener los codos exactamente a 90 grados. Una flexión cómoda, que puede variar durante la zancada y con la velocidad, es suficiente. Concéntrate en que los brazos viajen principalmente hacia delante y atrás y en mantener manos, antebrazos y hombros relajados.
Un truco durante un rodaje: durante 20 o 30 segundos abre ligeramente los dedos y comprueba que no estás cerrando los puños con fuerza. Después deja que los brazos recuperen su movimiento natural.
4. Obsesionarse con la zona del pie que toca primero
Talón, mediopié o antepié. Pocas cuestiones de técnica generan tantas discusiones. El vídeo plantea el apoyo como un aspecto a revisar, pero aquí es importante introducir un matiz: aterrizar de talón no es, por sí mismo, un error.

Hay corredores rápidos y eficientes con distintos patrones de contacto. Lo que puede resultar más relevante es si el pie aterriza muy por delante del cuerpo, si existe una frenada marcada, cómo se distribuyen las cargas y si el patrón está asociado a molestias.
Por eso, intentar pasar de golpe de talón a antepié simplemente porque parece más “técnico” puede ser contraproducente: desplaza más trabajo hacia el pie, el tobillo y la pantorrilla y exige un periodo de adaptación.
Cómo trabajar un apoyo más fluido
- Busca una pisada relativamente silenciosa y relajada, sin intentar correr de puntillas.
- Evita lanzar el pie hacia delante para ganar centímetros de zancada.
- Si modificas la cadencia, hazlo gradualmente.
- Fortalece gemelos, sóleo, pie y el resto de la pierna con ejercicios progresivos.
- Incluye equilibrio y control monopodal como complemento, no como sustituto del entrenamiento de fuerza.
El desgaste de la zapatilla puede darte alguna pista sobre cómo utilizas el calzado, pero no basta para diagnosticar por sí solo tu técnica. Una grabación a cámara lenta ofrece mucha más información.
5. Respirar con demasiada tensión
La respiración cambia automáticamente con la intensidad. En un rodaje fácil debería ser relativamente controlada; en una serie exigente será rápida y profunda. Por eso no tiene sentido intentar mantener el mismo patrón respiratorio en todas las sesiones.
Un problema frecuente es correr suave con demasiada tensión: hombros elevados, respiraciones cortas y sensación de ir ahogado pese a que el ritmo debería ser cómodo. En esos casos conviene revisar tanto la respiración como algo todavía más básico: quizá el ritmo sea demasiado alto para el objetivo del entrenamiento.
Respiración nasal, bucal y diafragmática
Practicar una respiración diafragmática puede mejorar la conciencia respiratoria y ayudarte a reducir tensión. La respiración nasal puede ser cómoda a intensidades bajas, pero no hay necesidad de obligarse a respirar exclusivamente por la nariz cuando aumenta la demanda ventilatoria. Al correr más fuerte es normal utilizar nariz y boca.
El conocido “test del habla” es una referencia sencilla durante los rodajes suaves: si la sesión pretende ser cómoda y apenas puedes pronunciar unas palabras, probablemente estés corriendo más intenso de lo previsto.
Cómo analizar tu técnica sin complicarte
No necesitas un laboratorio. Un teléfono móvil puede mostrar muchas cosas si grabas unos segundos desde el lateral, desde delante y desde atrás. Hazlo a un ritmo representativo, no cambiando conscientemente tu manera de correr porque sabes que te están grabando.
Después revisa una sola cuestión cada vez: posición del apoyo, tensión de hombros, movimiento de brazos o postura. Si intentas cambiar cinco variables simultáneamente, será difícil saber qué funciona y es más probable que acabes corriendo de manera artificial.
Cambia poco y deja tiempo para adaptarte
La técnica también se entrena. Una modificación que sobre el papel parece mejor puede aumentar temporalmente la carga sobre tejidos que no están acostumbrados. Introduce los cambios en dosis pequeñas, preferiblemente en rodajes fáciles, ejercicios técnicos o progresivos cortos.

Y recuerda que la técnica es solo una parte del rendimiento. Dormir bien, recuperar, entrenar fuerza, gestionar el volumen y distribuir correctamente las intensidades probablemente tengan más impacto que perseguir una zancada visualmente perfecta.
En resumen: cinco cosas que merece la pena observar
- Zancada: evita buscar longitud llevando el pie exageradamente hacia delante.
- Postura: corre alto y relajado, sin convertir una ligera inclinación en una posición forzada.
- Brazos: deja que acompañen el movimiento sin rigidez ni cruces excesivos.
- Apoyo: no demonices el talón; presta más atención a la frenada, la posición del pie y las cargas.
- Respiración: adapta el patrón a la intensidad y comprueba que tus rodajes fáciles sean realmente fáciles.
La idea no es correr como otra persona. Es eliminar tensiones y gestos innecesarios para encontrar una mecánica que sea eficiente, cómoda y sostenible para ti.
¿Quieres verlo explicado paso a paso?
En el vídeo original puedes ver ejemplos visuales de estos cinco errores y las propuestas para detectarlos y corregirlos. Es especialmente útil para comparar los gestos con tu propia grabación de carrera.
